martes, 21 de diciembre de 2010

La justicia

No es frecuente encontrar bares, cafeterías, restaurantes o locales en los que aún sirvan el azúcar en terrones.
Tal vez ando muy equivocada, pero lo cierto es que hacía mucho tiempo que nadie me ofrecía uno hasta ayer.
Andaba yo tan entretenida en Zaragoza con el frío y el primer cumpleaño de mi adorado sobrino cuando se me ocurrió entrar en una conocida (y única) cafetería de la Plaza de los Sitios a tomarme un café con leche. Cuál fue mi sorpresa al descubrir los dos terroncillos junto a la taza, ¡qué cosa tan antigua! pensé. Con los prácticos, cómodos y equitativos que resultan los sobrecillos… ¿y si quiero más de un terrón y menos de dos?, ¿pido un cuchillo para echar el azúcar exacto que yo desee?
Por suerte para los terroncillos no soy persona de muchas manías, con lo que sin pensármelo mucho, les quité el envoltorio y se fueron directos a la taza.
Al terminarme el café me marché de la cafetería tan feliz como había entrado, pero con la profunda disquisición en mi cabeza sobre lo difícil que es a veces en la vida, ser justo.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Autocontrol

Autocontrol es lo que hubieran necesitado unos pocos hace unos días, cuando ‘a la valiente’ y sin encomendarse a santo alguno, se decidieron a no ir a trabajar para reivindicar su causa laboral. Mira tú qué bien. Lo malo es que su no ir a trabajar afecta a, por un lado, muchas personas, y, por otro (y con más consecuencias) a muchos bolsillos de personas.

Estoy hablando de los controladores aéreos de España, qué majos ellos. Independientemente de sus dificultades laborales, que en ningún momento negaré que las deben de tener, y gordas, es evidente que muy sanos del juicio no andan. Pobrecicos míos. Qué mal se habrán explicado cuando los ciudadanos de a pie nos hemos quedado con que ganan un dineral y encima se quejan (el otro día me decía un compañero de trabajo inglés… (oh, God, one hundred euros per year and they go on strike?, why?) Claro, en esta vida no todo es el dinero, y por supuesto tampoco me molesté en explicárselo a mi compañero. Si los propios interesados no se molestan en explicarnos qué problemas tienen y lo único que se les ocurre es que jodiendo al personal en lo que más les duele van a conseguir arreglar sus problemas, pues yo no voy a preocuparme en hacer bandera de sus reivindicaciones (bastante tengo con las mías).

He leído en algún diario que mañana jueves los controladores deciden si van a la huelga o no. Por mí que vayan, ahora mismo, si me lo dicen con tiempo, como suele ocurrir cuando hay una huelga de conductores de tren, de autobuseros, de recogedores de basuras (estas, sin duda son las peores… qué apestosas), yo me organizo y decido si arriesgarme a volar con los servicios mínimos, si tomar otro medio de transporte o si quedarme en casa, pero si vuelven a decir que todo es absolutamente normal y llego un día al aeropuerto y me encuentro con que no puedo volar porque a 120 controladores les ha dado un vahído de golpe, qué casualidad, les desearé lo peor, es decir, que resucite Ronald Reagan y les dé un susto de muerte. Hombre ya, tanta altivez…

jueves, 25 de noviembre de 2010

UNE

Definitivamente, claustrofóbica no soy. Me paso media vida sumergida en las entrañas del metro. Desde mi época de juventud en la facultad, ya iba yo kilómetros arriba, kilómetros abajo. Más tarde por motivos de trabajo fue otra línea, pero igualmente kilómetros arriba kilómetros abajo, varié unas cuantas veces de empresa pero nunca varié de parada de metro en la que debía bajarme. Si acaso variaba de salida, en función del destino, pero parada la misma, Diagonal.
Por amoríos varios he sido más de coche (el de los amoríos, no el mío, que yo no gasto de momento semejante utensilio), pero por amores de verdad más bien el tren o a pie, que también se dio el caso. A día de hoy de nuevo kilómetros arriba y kilómetros abajo, y tan contenta que me cruzo la ciudad…
Es que en el metro pasa de todo, bueno y malo, como en todas partes, vaya perogrullada que acabo de soltar, diréis, pero es que hay quien no se cree lo que acabo de decir porque lo más emocionante que le ha ocurrido en el metro es que las puertas no se abran al llegar a una estación y el metro continúe como si tal hasta la siguiente… no, si os fijáis bien y vais con los ojos bien abiertos, pasa de todo.
Hoy sin ir más lejos, ha pasado que me ha dado un ataque de risa, la gente obviamente no sabía por qué pero yo sí. Ayer en clase de Gestión de la calidad estuvimos hablando de las famosas normas ISO (para mí Iso es otro tipo de norma, pero os lo cuento otro día más adelante, si no os importa…). Bien, pues los nombres de las normas de calidad en España comienzan con las siglas correspondientes UNE, y UNE es Una Norma Española. Increíble la llaneza, cuando ayer lo explicó el profesor casi me caigo de la silla por la risa. Todos nos reímos, por supuesto, pero yo más, porque es extrañísimo que un artículo forme parte de las siglas… y ahí es donde me entró la risa, me puse roja, no podía parar, me puse a llorar de la risa y aunque mis compañeros ya han comprobado que soy persona muy risueña, ayer lo acabaron de confirmar… y claro, hoy iba en el metro tan contenta y cuando ha venido la escena de ayer a mi cabeza, me he puesto a reír a carcajadas otra vez. Lo malo es que aquí no tenía contexto, así que la mayoría habrán pensado que estoy loca… pero no.

sábado, 6 de noviembre de 2010

16

El Papa, pobre hombre… con lo mayor que está y el trajín que lleva. Pero claro, es lo que tiene ser el sumo pontífice. El máximo exponente de la iglesia católica y el jefe del estado del Vaticano.
Se da la circunstancia de que este fin de semana está de visita por España, primero Santiago de Compostela y luego Barcelona, de punta a punta y tiro porque me toca. Por cierto, qué bonito es Santiago de Compostela. Ciudad estudiantil y religiosa a partes casi iguales y donde más peregrinación por metro cuadrado se puede encontrar de toda España.
Hace unos años estuve en Santiago y qué bien lo pasé. Y qué eucalipto tan maravilloso y ancestral hay en su parque; parque por el que estudiantes y enamorados pasean también a partes casi iguales y los peregrinos descansan sus agotadísimos pies. Santiago, por supuesto, es un lugar donde llueve, y llueve mucho más de lo que llueve en otras ciudades, por lo que se ha ganado el calificativo de una de las ciudades más lluviosas de toda Europa. Quién me viera ahora mismo en Santiago… pero no, estoy en Barcelona, ciudad donde el Papa Benedicto tendrá el placer de alojarse unas horas mañana domingo, día del Señor. La previsión meteorológica dice que el clima va a ser al revés de lo que se podría esperar, mucho sol en Santiago y lluvia en Barcelona, pero no me preocupa, el Papa tiene protección de sobras frente a cualquier tipo de inclemencias… la divina.
Feliz estancia, Santidad, y si no nos vemos, tranquilo, otra vez será.

martes, 2 de noviembre de 2010

Mou

Aún no había escrito esta entrada y ya estaba recibiendo críticas sobre la misma. No podía ser con otro tema que el relativo a un entrenador del Real Madrid, en este caso Mourinho.
Vaya por delante que soy culé hasta la médula. Lo soy tanto que de muy pequeña intentaron sobornarme con 500 pesetas (mucho para mi edad y la época) para hacerme merengue y, por supuesto, no lo consiguieron. Sigo siendo lo que era entonces, culé. Si no recuerdo mal, solo he pisado el campo una vez, y eso que lo tengo bien cerca, pero la vida, a veces, no siempre te lleva por el camino lógico…
Y tengo muchos amigos seguidores del equipo madrileño con los que me llevo a las mil maravillas, faltaría más que el fútbol dividiese a mis allegados: del Madrid, del Barcelona, del Zaragoza, del Celtiña (lo siento, el Celta siempre es Celtiña en mi casa, es como de la familia), todos son bienvenidos en mi entorno y yo en el suyo. Los lunes se habla de otros temas y arreglado.
Lo que ocurre es que hay que andar con pies de plomo cuando se intenta hablar de algo relativo al adversario, porque aunque sea del todo bueno, tus palabras pueden malinterpretarse y se puede acabar metiendo la pata, sin querer.
Y total, que se me ha acabado el espacio y no he contado todo lo que quería explicar sobre Mourinho. Bueno, pues prometido, queda para la próxima, que el tema es muy interesante.

sábado, 23 de octubre de 2010

Sandeces

Que a un hombre le ‘pongan’ los morritos de una mujer, si le gustan, que yo sepa, no es novedad. Y que un hombre se meta con los morritos de una mujer, si no le gustan, que yo sepa, para bien o para mal, tampoco es novedad.
Tanta digresión sobre morritos y hombres viene al caso porque el iluminado alcalde de Valladolid, a la postre ciudad antaño famosa por la calidad del español de sus habitantes, ha metido la pata hasta el fondo. Pobre hombre, me abstengo de decir su nombre, no vaya a convertirse en famoso gracias a mi blog.
Tampoco reproduciré sus palabras porque son harto vergonzosas, pero las podéis encontrar en todas partes, porque más de uno (él, su mujer, sus hijos) las recordarán toda la vida. Pretendía insultar a Leire Pajín.
A mi humilde entender, ese hombre cometió un error. Si en su más profundo subconsciente habitan bromas de tal gusto o si lo primero que le viene a la mente sobre una mujer cuyo trabajo ya conoce es lo que dijo, qué lástima.
A mí me parecerían relativamente normales este tipo de comentarios si vamos por la quinta cerveza una noche de sábado en la que ya nos hemos tomado los vinos de la cena y los Cinzanos del aperitivo. Pero no era el caso de este hombre, lo lamento por él. Confundió un bar con sus amigotes a media noche de fiesta con una entrevista de buena mañana en una radio.
Algo similar le pasó al presidente de Irlanda hace unas semanas. En una entrevista muy matutina confundió una de las paces más complicada del país (todos conocemos el pasado de terror terrorista irlandés) con un acuerdo económico de estos tiempos de difícil crisis. La noche anterior había disfrutado de una fiestecilla con los amigotes y se había olvidado de que ya no estaba en ella cuando se puso frente a los micros. Apuesto a que sus conciudadanos le harán pagar algún precio tarde o temprano...
Amigos, yo me voy de fiesta esta noche y se espera de mí, eso, que me divierta y que en cierto momento de la noche salga de mi boca cualquier tipo de comentario inapropiado. Lo que no tiene perdón es que cuando vuelva a mi estado normal siga diciendo las mismas sandeces.
Y lo que es más imperdonable… lo que no se espera es que una persona de su talante político no sepa distinguir cuándo está en un escenario o cuándo está en otro. Decidan ustedes.

domingo, 10 de octubre de 2010

A single man

¿En qué se parecen estas dos frases?:

1) Eres muy bueno con los cumplidos.
2) Hablas muy bien español.

Excepto en el ‘muy’, en nada. Bien, pues una es parte del guión de una película y la otra, lo que los traductores han traducido en la versión en español. En este caso, el original es la frase 2 y la traducción es la frase 1, y la película, A single man Un hombre solo, de Tom Ford.
Claro, yo entiendo que si en la traducción el protagonista ya está hablando en español, qué sentido tiene que Carlos (Jon Kortajarena para deleite de todas nosotras…) le diga que habla muy bien español… en original tiene todo el sentido, porque la película es en inglés, entonces, cuando en un momento el protagonista dice unas frases en español, Carlos no tiene más remedio que alabar su español, pero en la traducción lo salvan con el tema de los cumplidos, que por un lado son más que merecidos, pero por otro, no tienen nada que ver con lo que el guión original dice.
Con esto quiero reivindicar lo que en otros países lleva años haciéndose, que es que las películas se exhiban en su versión original y que, con suerte, encuentres una traducción en el DVD. En Catalunya llevamos tiempo atontados con las idas y venidas de cantidades de películas a exhibir en las salas en español o en catalán. Pues bien, ahí va mi opinión: que las exhiban todas en versión original, con subtítulos si la película no está filmada en un idioma oficial del país de exhibición. Vamos, yo es que prefiero no enterarme de algunas palabras que enterarme de lo que la película en su versión original no dice.
Por cierto, lo mejor de la película no es el español del protagonista, es, sin duda, la actuación de Colin Firth, un gran actor, aunque esté solo.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Dos mejor que uno

Hace unos días os hablé de unos ojos azules hermosísimos y de otros aterradores, pero no os conté que el color de ojos que más me gusta es el que no sé definir. Seguro que todos conocéis a alguien cuyos ojos son azules o verdes o grises o marrones o todos a la vez. Esos son los que más me gustan. Los que sin duda me lían.
Pero no quería hablaros hoy de ojos otra vez, quería hablaros de besos (vamos mejorando, eh), en concreto de la costumbre de dar un beso, dos, tres o incluso cuatro para saludarse o despedirse, según los países.
En Irlanda es muy raro que alguien te salude con un beso, lo hacen siempre con la mano, así que la mujer que me esperaba en el aeropuerto se quedó algo petrificada cuando le estampé dos besazos de bienhallada en la mejilla (la española cuando besa…). Como al instante entendí que no era así como tenía que saludarles, al hombre le tendí la mano.
Lo gracioso es que después de convivir dos semanas con la familia, el hombre quiso despedirse a la española y el detalle hubiera quedado de lo más hermoso de no ser porque el hombre me dio solo un beso y claro, el siguiente se lo di al aire y aunque la escena quedó muy divertida, no me hizo mucha gracia, que en los tiempos de crisis que corren, no estamos como para desperdiciar nada, y menos un beso :-)

martes, 21 de septiembre de 2010

Ojos azules

Los ojos azules más impresionantes del tren estaban sentados frente a mí, los más aterradores, a mi lado. ¿Qué os parece? Os cuento la historia.

Volvía de Dublín con destino a Cork, en Irlanda. Viajaba en tren porque es, con diferencia, el medio de transporte que más me gusta, o al menos me gustaba.

Sentado de espaldas al sentido del tren y, por tanto, frente a mí, iban los ojos impresionantes. Su dueño era un hombre de edad bastante incierta. Y digo incierta porque tanto podría haber tenido 45 como 60. Llevaba un aspecto algo andrajoso y envejecido, pero esa mirada tan limpia y cristalina probablemente le rejuvenecía.

Los ojos aterradores llegaron a mi lado de casualidad. El único asiento libre que quedaba en el vagón era el que estaba a mi lado y al hombre, de edad nada incierta, le debió de parecer estupendo.

Tan pronto llegó, todos nos dimos cuenta de que algo fallaba en su cabeza, no paraba de dar voces y sus movimientos eran demasiados bruscos para la polite Irlanda.

Que los ojos más impresionantes y los más aterradores coincidan en color no era casualidad. El tren iba a rebosar de ojos azules, por lo que la excepción eran los demás colores, así que la rara era yo…

El viaje (de algo menos de 3 horas) discurrió entre las voces de uno, el silencio de los otros, los litros de té que llegaron a beber entre todos y mi cabeza, que no paraba de darle vueltas a tan extraña situación. Por fortuna, cuando no podía aguantarlo más, los ojos impresionantes estaban ahí para relajarme, hay veces en que los ojos azules pueden llegar a tener un efecto parecido al de una mañana cálida de verano frente al mar.

Al llegar a Cork, el loco bajó el primero, estupendo, pero entre mi estupefacción y la charla que inevitablemente se inició entre los demás viajeros, que también habían padecido lo suyo, no me di cuenta de cuándo se bajaban los ojos impresionantes. Suerte que Cork es una ciudad muy pequeña y poco más allá de la estación pude alcanzarlos y, por supuesto, seguir practicando mi inglés.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Éire

¡Me voy a Irlanda, xiquets! Decidí este año cambiar de acento e Irlanda fue la elegida. Me voy unos días a Irlanda a ver qué descubrimientos hago. Mi objetivo principal es estudiar inglés, el inglés de Irlanda. Pero me conozco, y no me conformaré solo con eso. Este año no sé si habrá alarmantes alarmas de incendio, pero haya lo que haya, espero que me halle bien. Os lo contaré cuando pueda. Si me lo estoy pasando de miedo, olvidaos, lo haré a la vuelta. Si, en cambio, pese a pasármelo muy bien (no espero menos), tengo un minutillo, os haré partícipes de mis aventuras :-)
Mientras eso ocurre, os dejo con mis textos pasados ¿los habéis leído todos? La mayoría son atemporales… y con esta buenísima canción de una de las grandes glorias que ha salido de Irlanda, el grupo U2. Besos a todos y hasta la vuelta.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Gestiones

Gestión debería definirse en el diccionario como carrera de obstáculos. Os explico por qué.

Sin ánimo de emular al grandioso Larra (grandioso al menos en talla literaria, que no sé si fue muy atlético el hombre…), me encuentro en tesitura de corroborar todas y cada una de sus palabras.

Intento aprovechar siempre que tengo vacaciones para hacer las máximas gestiones posibles. Meterse en asunto de papeleos (ya sean jurídicos, económicos o médicos) siempre es tema de mucha paciencia y buen ánimo y, al menos en mi caso, suele abundar durante las vacaciones.

Os contaré solo un ejemplo. Necesito una copia de mi título universitario. Bien, pues fui a principios de agosto a pedirlo e, ilusa de mí, me encontré con que la secretaría estaba cerrada a cal y canto hasta el 1 de septiembre. Tremendo fue mi asombro. Yo entiendo perfectamente que agosto sea el mes de vacaciones por excelencia y que muchos negocios estén cerrados unos días… pero ¿un mes entero?, ¿y cerrado por completo?, ¿nadie de guardia? Aluciné, claro está, pero pensé que esperaría pacientemente hasta el 1 de septiembre para conseguirlo. Aisss, ilusa de mí otra vez. Llamé esta mañana para informarme y un amable señor me ha comentado que no tengo nada que hacer hasta dentro de unos días. ¡Cómo! Exclamé yo, ¿siguen de vacaciones? No, no, ha sido su respuesta. Sí han vuelto, pero los primeros días solo se dedican a las matriculaciones de los estudiantes y no te podrán atender… es decir, que a todos mis efectos, siguen de de vacaciones… pues nada, como dentro de unos días seré yo la que no esté en el país, tendré que esperar a mi vuelta. Vuelva usted… cuando le dé la gana, pero mañana no.

viernes, 27 de agosto de 2010

¿Quién da la vez?

Hace unos días estaba yo viendo por televisión un amistoso partido de fútbol cuando de repente un comentario me sacudió la pereza de los oídos. El comentarista estaba relatando una gran ocasión que había tenido un jugador y su frase fue que tal jugador había tenido la mejor… la mejor… y no le salía ‘ocasión’ ‘oportunidad’, no le salía nada; y como ya no quedaban más segundos para desperdiciar dijo… ha tenido la mejor vez del partido, y, claro, yo me eché a reír. Lo lamento, porque no está bien reírse de los demás y menos cuando están en momentos de apuros, pero es que ‘vez’ me pareció tan poco apropiado en esa frase… purista me llamaréis algunos, pues no, os digo yo, soy lo más ‘de andar por casa’ que os podáis imaginar, pero si me puedo echar unas risas con lo que se va diciendo por ahí, me las echo.

Hoy, sin ir más lejos, unas compañera de trabajo y yo nos hemos reído a carcajadas en plena calle porque su confusión lingüística ha sido muy divertida. Ella es extranjera y no habla casi nada de español (nos comunicamos en inglés) y como está dispuesta a aprender español lo antes posible, yo me he ofrecido a hacer un intercambio de idiomas, ella me ayuda con mi inglés y yo a ella con su español. Bien, pues de sus primeras clases (no las mías, las de la escuela) de español ha sacado un amplio vocabulario familiar y de vestuario y seguramente de ahí ha venido confundir abrigo con abuelo, y cuando se ha dado cuenta de lo que en realidad estaba diciendo no hemos podido hacer menos que estallar en carcajadas… ponerse a los pobrecitos abuelos sobre los hombros, si no es absolutamente necesario, no está nada bien…

Qué buenos los momentos en que nos reímos, ¿verdad?

miércoles, 18 de agosto de 2010

Subida de impuestos

Decía Pepe Blanco hace unos días que nos va a subir los impuestos a niveles europeos porque en España están demasiado bajos… pues sabedlo todos, estoy absolutamente de acuerdo, pero con una condición. Va, Pepe, solo una.
Si me subes los impuestos a niveles europeos, quiero que también me subas el salario a nivel europeo. Porque yo, vivo en Barcelona y cobro en Barcelona, entonces… ¿por qué tendría que tener los impuestos como si viviera en Londres? Ni crisis ni tonterías. Venga, te permito semejante desliz porque estamos en periodo vacacional y el verano, insisto, es francamente malo para casi todo, pero para otra vez piensa un poco lo que dices que no está el horno para… muffins

sábado, 14 de agosto de 2010

Maneras de vivir

No pienses que estoy muy triste
si no me ves sonreír
es simplemente despiste,
maneras de vivir...

¿Hay alguien por ahí que no conozca esta canción? Que levante la mano… mmmm, vaya, pues no sé si echaros de mi blog o dejaros que os quedéis y la conozcáis. Va, que es broma, por supuesto quedaos, que mi blog es libre y todos aprendemos de todos.
No sé por qué pero la letra de esta canción viene muy a menudo a mi mente, en especial en la voz de Rosendo. Será porque todo lo que haces de adolescente, marca.
Pero no os hablaré hoy de mi adolescencia (interesantísima, por otro lado), os hablaré de cómo ahorrar.
Ayer fui al supermercado a comprar una botella de zumo. Desde que estuve en Roma, Dios sabrá por qué, me acostumbré a tomar un vasito de zumo por las mañanas, a vueltas con la leche, y total que ayer fui a comprar una botella porque me quedaba poco y cuál es mi sorpresa al llegar a casa y repasar la cuenta, cuando vi que me habían cobrado casi 50 céntimos menos que su precio habitual. Observé el asterisco al lado del precio que indica que era un artículo en oferta, pero me extrañó, porque no había ningún cartel que lo indicara. Me pareció tanto el ahorro que me dije a mí misma que aun a suerte de gastar más de lo que tenía previsto esta semana, tenía que volver a por más. Al menos, dos botellas, un euro de ahorro en total. Y sí sí, hoy he vuelto temprano (ese tipo de ofertas no duran ni medio día si están bien visibles) y ya había un cartel enorme que lo indicaba y muy pocas botellas. De modo que he cogido dos y para casa tan contenta.
Parecen tonterías, pero oye, con ese eurito pagaré mañana la mitad del periódico, no está mal, ¿verdad?
Bueno, amigos, pues este ha sido el primer consejo de ahorro del blog. Vendrán más (que una se lo está currando mucho ante el montón de gastos que se le avecinan), pero como cualquier título que le ponga al tema del dinero va a resultar molesto, lo llamaremos, sencillamente, Maneras de vivir :-)

miércoles, 11 de agosto de 2010

Paul Auster II

Hace unos meses os hablé de Paul Auster y un libro que acababa de leer. Bien, pues hoy me veo obligada a hablaros de otro.
La semana pasada me quedé con una considerable cara de idiota cuando llegué a una librería de Barcelona que me gusta mucho y estaba cerrada porque se habían trasladado a otra calle. Me quedé pasmada porque no era consciente de cuándo se habían trasladado, la última vez que estuve allí fue para comprarle un libro a mi por entonces chico por el día de Sant Jordi. Supongo que inconscientemente, como aquello no salió bien, no volví (no salió bien la historia con el chico, el libro salió divinamente). El tema es que se han trasladado bastante lejos de su ubicación anterior. No me cae a desmano (casi me va mejor que donde estaban antes), pero como yo los ubicaba allí, ahora los tendré que ubicar allá.
Y otro día, porque aquél ya no me daba tiempo, fui a visitar la nueva librería. Muy linda, sí. Creo que algo más pequeña que la anterior, pero curiosa y bien distribuida. Me llamaron la atención dos cosas: la primera, una cita de Chaplin en una pared (“todos somos aprendices, la vida es tan corta que no da para más”) y la segunda, su sección de novela. No sé por qué mis ojos se fueron disparados a las novelas de Paul Auster, y allí se quedaron.
Tuve en mis manos unos cuantos títulos e incluso me dejé aconsejar por la amable y experimentadísima dependienta, cosa que por aquello de que me dejen tranquila no suelo hacer nunca; me aconsejó otros títulos e incluso alguno de la actual mujer de Auster, Siri Hustvedt, de la que también me han dicho que es una gran escritora. Pero no hubo nada que hacer, me decanté por el primero que había cogido, al azar, sin ni siquiera gustarme el título (La noche del oráculo).
Me lo acabé en pocos días. Qué libro tan interesante y tan bien escrito. La historia del protagonista me encandiló en seguida, pero lo hizo aún más la del protagonista de la novela que escribe el protagonista, total, que llegó un momento en el que no sabía quién me estaba gustando más, si el escritor, el escritor del escritor, el editor del escritor, la ciudad de Nueva York o la amante de alguno de ellos…
Una de las cosas que me dijo la dependienta (sin que yo le preguntara) fue que uno debe elegir los libros que lee según el estado de ánimo en el que se encuentre. Pues bien, el mío debía de ser excelente, porque elegí francamente bien.

jueves, 29 de julio de 2010

Vivan las vacaciones de los demás

Pero tranquilos, que no me he vuelto loca, ahora mismo os lo explico.
Ayer me llevé una grata sorpresa cuando descubrí que en mi supermercado habitual no estaba la chica de siempre cobrando en la caja, había en su lugar un chico muy joven que se movía con bastante agilidad al pasar los productos por el lector de códigos de barras y que pese a ser casi la hora de cerrar, tenía con toda probabilidad, la misma cara de frescura que a las 9 de la mañana. Definitivamente, era el sustituto de la chica que se encuentra de vacaciones. Benditas sean sus vacaciones, en primer lugar porque ella lo estará pasando de maravilla y en segundo lugar, porque han puesto a un jovencillo en su lugar, que se estará ganado cuatro duros este verano y que nos está alegrando el espíritu a los que por motivos X, tenemos que seguir comprando en el supermercado estos días.
No sé qué motivos tendrá este chico para tener esa frescura y esa energía pese al trabajo más o menos motivador que está desarrollando este verano (diría que no es el primer estío que se dedica a ello o al menos tiene una capacidad de aprendizaje pasmosa), pero alabo la vitalidad que transmite, ojalá nos diera un poquito de su alegría en cada ticket que nos entrega. Ojalá todo el mundo fuera a trabajar con un poquito de alegría en el cuerpo, por poquita que sea, ved qué buenos efectos surge. Gran ejemplo ese chico.
Yo, mientras, sigo esperando que lleguen mis vacaciones, que aún tardarán, pero como buena optimista que soy, sé que todo llega… felices merecidísimas vacaciones a todos.

viernes, 23 de julio de 2010

Los ojos se van

Detrás de lo que no deben. Eso es lo que me ha sucedido esta semana.
Hace tiempo hubo un accidente de coche en Barcelona porque el conductor se quedó embobado mirando un cartel donde aparecía una señorita ligera de ropa. Bien, pues eso es más habitual de lo que parece. Bueno, es habitual que nos quedemos embobados mirando fijamente algo o a alguien mientras el resto de nuestro cuerpo continúa como si tal cosa, lo de estamparse con el coche no lo es tanto, para fortuna de todos.
Porque claro, con un poco de mala suerte, tenemos accidentes como el que os he comentado y si no pasa nada, se queda en una mera anécdota…
Y ahí va lo que pasó: una mañana muy temprano iba yo camino del metro cuando en el mismo lugar que todos los días, se detenía el chico de la furgoneta que transporta los diarios gratuitos. Yo nunca cojo ninguno, pero me maravilla la cantidad de personas que se arremolinan a las 7 y media de la mañana esperando al chico y los diarios en cuestión. Bueno, pues como os decía, el otro día me quedé observando al chico que se iba a tener que enfrentar con la multitud esperadora, y lo miré con tanta fijación, yo creo que más por el sueño que llevaba yo que porque el mozo tuviera interés alguno, que no vi el bastón de una chica ciega que venía hacia mí. Cuando lo vi, mejor dicho lo noté en mis pies, tuve que pegar un salto que ni los saltamontes, porque de otro modo, primero hubiera caído yo y luego ella encima de mí, una tragedia de buena mañana. Pero por suerte, parece que tengo los reflejos en forma y se pudo evitar la tragedia, eso sí, me acabé de despertar de golpe. Si al menos el chico hubiera sido guapo…
En fin, que a ver si ponemos un poco más de atención, que nos puede ir un disgusto gordo en ello.

sábado, 17 de julio de 2010

La gente

Si os he de decir la verdad, nunca he confiado gran cosa en la gente. Debe de ser algún trauma que arrastro desde la infancia, pero lo cierto es que cuando se trata de participar en reuniones de personas que no conozco (eso que llamamos gente) me lo pienso y lo valoro con detalle antes de decidirme a ir.
Esto os lo cuento porque he empezado a recuperar la confianza. En la última semana, además de producirse las dos manifestaciones populares más contradictorias que se recuerdan en Barcelona, yo he pasado por las dos reuniones con personas que me han hecho recuperar un poquito de la confianza que puedo llegar a tener en la gente.
La primera fue una fiesta sorpresa para un amigo. Su pareja le organizó una fiesta de cumpleaños sorpresa en un formato de lo más original: un picnic. Allá que nos fuimos un grupo de gente (la mayoría solo teníamos como nexo de unión el cumpleañero) a comer unas deliciosísimas viandas a la sombra de unos árboles sobre una toalla. Qué bien me lo pasé, qué gente más maja conocí y cómo nos divertimos todos sin saber por qué. Hemos prometido repetir el encuentro.
La segunda reunión de esta semana fue una agradable cena con unos compañeros de trabajo a la que se unieron ex compañeros, algunos de los cuales no conocía más que de vista. Qué bien me lo volví a pasar. Descubrí que juego muy mal a los bolos, pero creo que lo importante allí era pasar un buen rato y no tanto ganar un campeonato. No lo prometimos, pero también repetiremos el encuentro.
Qué alegría descubrir que en realidad, y aunque a veces parezca que no, hay gente muy maja por ahí. Qué gusto, ¿verdad?

viernes, 9 de julio de 2010

Singapur

Hace años, como mucha gente, yo me sabía los países de memoria, ahora es difícil, primero porque uno va haciendo muy selectiva la memoria y segundo porque los recuerdo mejor si no han cambiado de lugar con los años y muchísimo mejor si he estado en ellos de vacaciones.
El tema es que hace unas semanas, por motivos laborales, tuve que trabajar con alguien de Singapur. Lo primero que pensé es qué suerte la mía, y lo pensé porque cada vez que me relaciono con alguien extranjero de verdad creo que me estoy enriqueciendo de alguna manera, no sé si sabría definirla, pero sé que lo hago. Lo segundo que pensé es ¿dónde está Singapur? Porque más o menos yo sabía situarlo en el mapa, pero si me hubieran dado un mapamundi en blanco no sé si lo hubiera colocado exactamente en su casilla, y como me gusta saber de lo que hablo, lo busqué en un mapa y, en efecto, caía por allí, pero no justo allí.
El trabajo fue muy puntual, pero es curioso que desde más o menos entonces, tengo un lector de mi blog que se conecta en Singapur. Lo sé porque tengo una manera de saber el país de procedencia de mis lectores. No os identifico, no sé quiénes sois ni la ciudad desde la que os conectáis… pero sí sigo un registro de visitas, y además de ver que mes a mes la familia va creciendo, de vez en cuando me llevo una sorpresa así. No me sorprende que haya una persona que lea español en Singapur, seguramente habrá muchísimas. Lo que me sorprende es que yo haya estado conectada con ese país por dos puntos equidistantes. Qué grande es el mundo.

sábado, 3 de julio de 2010

Cómo cenar gratis por 2.000 euros

Hace unos días tuve la ocasión de asistir a la reunión anual de gente relacionada con la UOC, la Universitat Oberta de Catalunya, que tiene un amplio abanico de formación universitaria reglada. Es una universidad básicamente online, así que una reunión presencial se convierte en todo un acontecimiento.
El acto tuvo como marco el bellísimo Palau de la Música Catalana, donde es imposible no guardar un minuto de recuerdo para aquél y toda su familia. Un minuto de improperios es lo máximo que le puedo dedicar a ese personaje.
Yo estudié en la UOC hace unos años y en calidad de eso, me invitaron a la reunión. Como en esta ocasión fue en un lugar tan agradable, fui. Hubo charlas, hubo conferencias, pero lo que más me llamó la atención fue que todos los allí congregados interrumpiéramos el parlamento de la Rectora con carcajadas y aplausos cuando, en el fragor de la anécdota que pretendía contar, nos explicó que había ocurrido cuando la invitaron a una calçotada. Bien, eso no nos llamó la atención, porque a los que vivimos en Catalunya es imposible que alguna vez no nos hayan invitado a alguna, pero ella se paró en seco, miró al conferenciante que tenía a su lado con el pinganillo de la traducción en la oreja (del catalán al inglés) cuando exclamó… ¿y cómo le habrán traducido calçotada? Ahí fue cuando comenzaron las sonrisas, que se trasformaron en estruendosas carcajadas cuando descubrimos que el traductor le había dicho Onion festival (es decir, festival de la cebolla).
Claro, una calçotada ya viene a ser eso, pero dicho así, a todos nos suena fatal, menos al buen hombre fundador de Google Earth, que como no lo entendió, ni le hizo gracia, ni le dejó de hacer.
La tarde acabó bien, porque cuando terminó la brevísima sesión de ruegos y preguntas (porque el conferenciante se entretuvo y nos entretuvo mucho), nos ofrecieron un pica pica de aquellos que con su copita de cava entran de maravilla y, dependiendo de la cantidad que uno alcance a comer, bien sirven de cena.

sábado, 26 de junio de 2010

Viajar

Viajar es ir mientras tú vuelves. Viajar es tomarte un vino blanco mientras un jovencísimo camarero te arranca una sonrisa.
Viajar es subir a un tren, descubrir unos árboles de un verde que nunca había visto. Mirar por la ventana y también descubrir unos edificios que no conocía. Tal vez nunca viajé en ese lado del tren, ya sería casualidad.
El viaje fue muy plácido, casi siempre lo es, será por lo rápido. Una vez allí me sentí como aquí, en casa. Lo pasé bien, me divertí, descansé poco y volví.
Y volviendo redescubrí lo maravilloso que es, por un motivo o por otro y sea cual sea el destino, eso de viajar.

Viajar también es… cerrar los ojos y dejarse llevar.

jueves, 24 de junio de 2010

Reír es bueno

Reír es bueno, lo dice todo el mundo y aunque sea por una vez, todo el mundo tiene razón, pero hace poco solté una carcajada en un momento bastante inadecuado, porque lo que dijo el moderador de una charla a la que asistí no era gracioso, pero el error que cometió y del que probablemente solo me di cuenta yo, sí lo fue.
Veréis, la tarea del susodicho era presentar a las distintas personas que iban a salir al estrado a contarnos cosas muy interesantes. Yo sé que hablar en público no es fácil y hay quien tiene más maña, hay quien tiene más fuerza y hay quien no tiene ninguna de las dos. Pero por suerte son pocos los que se ponen delante de un micrófono sin tener ningún talento para hablar frente a un público.
De pronto, cuando iba a presentar al segundo orador, dijo… y este hombre es en estos momentos el socio fundador de la empresa X. Ahí fue cuando de la manera más espontánea salió la carcajada de mi boca. No me miraron todos, solo los que tenía más cerca, pero yo puse de inmediato una cara de tanto interés que todos se volvieron de nuevo hacia el orador en cuestión.
Vamos a ver, yo lo lamento por el moderador, pero socio fundador se es siempre. Si hubiera dicho socio, otro cantar hubiera cantado, pero solo se puede fundar una vez, por lo que si ese hombre era el socio fundador de la empresa X, lo fue cuando se fundó, lo es ahora y lo será siempre; es decir, que dentro de 10 años, lo diremos en pasado, pero diremos que ese hombre fue el socio fundador de tal cosa. Total, que reír es bueno, pero yo metí la pata de la manera más tonta, porque lo peor de todo es que solo yo y ahora vosotros, sabemos por qué.

domingo, 13 de junio de 2010

Espontáneo

Los domingos por la mañana, siempre que puedo, me dedico a repasar la prensa mientras desayuno. El desayuno es largo, por supuesto, que para eso es domingo, y así me da tiempo a repasarla bien.
Esta mañana también he podido y eso he hecho, Vanguardia en mano, página para delante página para atrás, me he ido enterando de todo.
E independientemente de las noticias, lo que más me ha llamado la atención han sido tres cosas: que los titulares del suplemento Dinero llamen a las cosas por su nombre tan mundanamente, A veces estrictos, a veces idiotas, rezaba uno (me ha sacado una sonrisa); que quede al descubierto que Fernando Carro, presidente de Círculo de Lectores, es tan poco diplomático como parece (me ha arrancado otra sonrisa), y la increíble espontaneidad de David Bisbal, que desde el Magazine me ha arrancado más de una carcajada, concretamente dos, y eso que no me he leído la entrevista entera.
Hay que ver lo que me ha alegrado el día la espontaneidad de algunos: los titulares tan directos no son sino un ejemplo de claridad, que adoro, y la diplomacia no es más que la simulación de las buenas formas, que bienvenidas sean por otro lado, y la naturalidad de Bisbal no es más que el buen reflejo de su sencillez, llegue a donde llegue el chico, que llegará.
Qué gran virtud esa de la espontaneidad, a mí me lo parece. Pero igual que me parece una gran virtud, también me parece que no sirve para todos. Que no todas las naturalezas son igual de fascinantes y a veces un poquito de miramiento y cuidado en lo que se dice o hace consigue mejores efectos que una naturalidad abierta.
Es decir, que cultive la espontaneidad quien pueda, y me consta que aquí podéis muchos.

miércoles, 9 de junio de 2010

Fiumicino

Fiumicino, 30-5-2010. Así comienza mi última libreta de viajes.
Tal vez no sepáis que soy muy amiga de las libretas. Siempre tengo alguna cerca, en el trabajo, varias, y en mis viajes, también. No las he tenido siempre. Empezaron en el viaje a Nueva York. Probablemente pensé que era un viaje lo suficientemente importante como para plasmar algunas ideas por escrito, y así fue.
La última la compré en el viaje de vuelta de Roma. En el aeropuerto de Fiumicino. Siempre llego con mucho tiempo de antelación, aunque no facture las maletas, soy algo agonías para los aeropuertos, así que siempre me sobra tiempo para pasear, para observar, para recordar, para pensar o incluso para comer y comprar algo. Y eso fue lo que hice en Fiumicino. Comí algo y me fui a dar una vuelta por todas las puertas de embarque, me divierte mucho imaginar a todas las personas ahora en Roma y en unas horas en Munich, París, Madrid o cualquier otro destino. Y lo que nunca me suele interesar de un aeropuerto son las tiendas, será porque tampoco me suelen interesar fuera de los aeropuertos, pero una llamó mi atención, vendían papeles en diversos formatos. La calidad del papel es famosa en Italia, así que entré a echar un vistazo. Y me llamó la atención una libreta negra, muy bonita, de tapa dura y elegante tacto, pero el interior no me gustaba tanto, las rayas nunca han sido mi fuerte, así que me la quedé cuadriculada, pero en otro color. Y fui a sentarme cerca de mi puerta de embarque.
Y empecé a escribir mis sensaciones en aquel momento y las últimas horas del viaje, pues las experiencias de los días anteriores estaban en otra libreta.
Me tomé el final de ese viaje tan mágico como el principio de algo, de la libreta en primer lugar. Me gusta pensar que el final de una experiencia puede ser el principio de otra, tal vez mejor, por qué no.
Pero cuando levanté el bolígrafo de la libreta y me dirigí hacia la puerta de embarqué descubrí que habían cambiado la puerta de mi vuelo. ¡Tenía que recorrer medio aeropuerto! Eché a correr lo más rápido que pude y llegué cuando entraban los últimos pasajeros. Uf… llegué.

sábado, 5 de junio de 2010

Operación biquini

Hace unos días, me llamó una amiga preocupadísima porque se ve que nos han engañado un poco con lo del 5% de los funcionarios, sí, el 5% en la nómina normal, pero bastante más en las pagas extras, con lo que el recorte, solo de verlo en el papel, ya le produjo un patatús a mi amiga, funcionaria por cierto. “Me llevo el decreto a casa para leerlo con detenimiento”. No me extraña, hasta yo me lo leería con detenimiento para saber de qué va, pero ya me leeré en su día lo que me toque a mí, ya…
Y como las dos amigas tenemos en común el insertar buenas dosis de humor cuando de hablar de problemas se trata, de pronto me dijo “a partir de ahora quedaremos para pasear, como hacían nuestros padres”, pero lo dijo como si fuera sinónimo de ahorrar, porque en nosotras esto no tiene nada de novedoso. Las dos hemos acabado muchas veces Diagonal arriba o Diagonal abajo, chino chano hasta nuestras respectivas casas, resolviendo nuestros problemas porque los del mundo van después. Pero eso ocurre los fines de semana, porque entre semana ella pasa por la Diagonal a una hora y yo a otra, y en un arranque de ahorro absoluto me dijo que a partir de ahora en lugar de mandarnos sms, nos dejaríamos notas en un árbol de la Diagonal, yo paso primero y le dejo una nota y luego pasa ella y la ve. Lo mismo, pero gratis. No lo acabamos de ver muy viable y no lo haremos, pero me pareció muy divertido, excepto si sopla una ventolera que para qué y se nos lleva la información…
Ayer otra amiga, casualmente también funcionaria, me mandó un sms para proponerme unos planes y además, para decirme que estaba preparando la cena, sana, por aquello de la operación biquini. En el fondo, algo similar a los planes de recorte de la economía, que me parece algo tarde para ponerlos en marcha, pero confiamos en que sirvan para algo.

martes, 25 de mayo de 2010

Roma

¡Me voy a Roma!

Os lo anuncié hace unos días y ha llegado el momento. Como me voy de asueto absoluto, no estaré conectada a internet, por lo que las novedades de mi viaje, las sabréis a la vuelta. Todo el que ha ido me ha dicho (bueno, todo el que ha ido no, todo el que ha ido y yo conozco...) que Roma es una ciudad preciosa, a rebosar a partes de iguales de monumentos (religiosos y humanos) y turistas. Allí voy yo a tirar mi moneda, por aquello de no perder oportunidad de pedir un deseo (o de caer en el tópico, tal vez) y a meter la mano en la boca de la verità, a ver si me pilla. Sea como sea, creo que me voy a divertir. Lo que seguro que haré será recordar montones de canciones de Adriano Celentano. Que tiene sus años y es de todo menos actual, pero que es el cantante de una de las primeras canciones italianas que vienen a mi mente desde mi niñez, Azzurro. Pero como esa canción es algo melancólica y hoy es un día alegre, aquí os dejo un vídeo de una actuación suya con Mina, de una versión de lo más divertida del famoso y romántico Parole. En unos días, estoy con vosotros.
¡Hasta la vuelta!

sábado, 22 de mayo de 2010

Estocada

¿Alguien me puede explicar por qué tengo yo que ponerme a punto del desmayo por unas imágenes? Estoy indignada y os voy a explicar por qué.
Ayer estaba viendo un informativo de la noche cuando me advirtieron de que un torero había sufrido una espantosa cogida y que nos iban a enseñar las imágenes. Yo, que me conozco bastante bien, aparté la mirada porque las cornadas en los toreros es una de las (muchas) imágenes que me resultan más desagradables, no tristes, ni hirientes, ni… no, desagradables, al instante se me revuelve el estómago y si no vomito, es de milagro.
Ayer el cogido fue el torero Julio Aparicio y hoy, en contra de lo que pudiera parecer, no voy a hablar de toros, voy a hablar de periodismo.
En el informativo nocturno tuvieron la amabilidad, si es que puede llamarse así, de advertirme de que las imágenes iban a ser muy duras, pero nadie me ha avisado esta mañana de que la primera imagen que iba a ver al entrar en la página Web un diario digital (e intuyo que de muchos otros diarios, pues no pienso ver ningún otro) ha sido la de la cornada, un plano bien cercano en el claramente se podía ver… no, lo siento, no os lo describiré para que a nadie le de un ataque de nada, pero os aseguro que en la décima de segundo que he tardado en cerrar la ventana del explorador de Internet, la imagen se ha quedado gravada en mi mente.
No tengo ánimos ni de escribir a la defensora del lector de ese diario. El límite ya se ha superado y ya os digo yo que nada devuelve a la gente el sentido común una vez perdido.

sábado, 15 de mayo de 2010

El noticiario

Esta semana me ha pillado el toro, lo reconozco. Como coloquialmente se dice, se me ha pasado la semana volando y no os he escrito nada. Y lo peor del caso es que quería haberos escrito sobre todo. En especial, del inefable 5% que como no soy ni pensionista ni funcionaria no me va a tocar (de lo cual me congratulo); también os hubiera hablado de las dos gotas de agua que parecen el primer ministro británico y su segundo, el moderado Nick Clegg. Es increíble cómo dos hombres de casi igual complexión, altura, peso, gran parecido de cara y probablemente igual color de ojos ¡se visten igual! Sé que se diferencian mucho en cuanto a ideales políticos se refiere, pero menos mal que para la presentación de su conjunto gobierno, se pusieron, respectivamente, una corbata azul y una verde, que si no, por mucho que uno me parezca más guapo que el otro, creo que me hubiera costado distinguirlos. ¿Será por eso que se han unido para hacer gobierno? I don’t think so…
También os querría haber hablado del tabaco. Por fin se va a aprobar la ley que impida fumar en todos los espacios públicos. Como habéis podido intuir, soy de la liga más radical antitabaco, la más radical que os podáis imaginar, pero como tengo muchos amigos muy queridos que fuman y sé que para ellos no es fácil el tema, hablaré de ello, con todo el comedimiento que pueda, en una entrada aparte. Se lo prometí a un amigo mío fumador.
Y por último, otro tema que me preocupa igualmente. Esta semana también hubiera querido hablaros francamente, qué bien dicho por mi parte, sobre el cese del juez Garzón, que tan injusto nos parece a muchos y solo el narrador de esta vida sabrá por qué. A muchos nos suena a triquiñuela para apartarlo de la investigación sobre los crímenes de paquito. Si no es así, qué mal nos lo han vendido, o qué mal lo hemos hecho todos. Y como entiendo bastante poco de jurisprudencia, aquí lo dejo, esperando...
Bueno, que os quería haber halado de todo y no os he hablado de nada. ¿O sí?
En fin, muy buena semana a todos, sea del color que sea.

domingo, 9 de mayo de 2010

Fish Tank

Ayer vi a Pere Gimferrer. No le había visto nunca en persona y no tengo la plena seguridad de que fuera él, precisamente porque nunca le he visto en persona y porque nadie me lo presentó. Le vi con gafas y sin ellas, haciendo aspavientos y sin hacerlos, hablando en voz demasiado alta y sin hablar. Os cuento.
Fue en el cine, y por esas casualidades de la vida, antes de empezar la película me encontré con una compañera de trabajo de hace 6 años, casi ni me acordaba de ella, pero ella y su marido sí se acordaban de mí. Esto lo cuento no porque tenga nada que ver con Gimferrer, sino porque gracias a estos amigos, en lugar de dar un paseo antes de comenzar la película, como acostumbro, nos quedamos en el bar del cine y nos tomamos un café.
Estaba yo absorta en la multitud de recuerdos que mi amiga me estaba proporcionando cuando le vi acercarse. No tuve dudas, me dije, es él. Pero justo en ese momento se quitó las gafas como algunas de las personas que llevamos habitualmente gafas lo solemos hacer, y entonces dudé. Claro, a ver cuántas veces he visto yo a este señor sin gafas…
Así pues, estaba el supuesto Gimferrer tomando un café en el mismo mini lugar que yo (el bar de ese cine es muy pequeño, escasas 4 mesas) cuando me di cuenta de que faltaba muy poco para que comenzara mi película. Como soy un poco Alvy Singer y no me gusta entrar tarde en el cine, allí les dejé, a mis amigos (porque iban a ver otra película) y a él.
Y me encontraba yo felizmente instalada en mi butaca, a bien poco del suelo, recordad, cuando le vi entrar en la sala. Estaba claro que íbamos a ver la misma película, qué grata sorpresa. Fue entonces cuando empezó a hacerle aspavientos a una señora que también estaba sentada en una butaca. Parecía como si tomarse un café hubiera sido el mismo triunfo que ganar el Gran Premio de Fórmula 1 de Bahrein, estuve a punto de soltar una carcajada, pero me contuve. Cuando llegó al lado de la señora se sentó en la misma fila que ella. Y digo la misma fila porque no se sentó justo a su lado, dejó un asiento vacío entre ambos (por aquello de la holgura, supongo…). Y entonces, cuando no podía apartar mis ojos de ellos, fue cuando empezó a hablar a voz en grito.
Que si ese director había dicho esto, que si un grupo de editores sostenían lo otro. Hablaba como si se encontrara en el bullicio de un mercado un sábado a las 11 de la mañana. Insoportable, para mí el silencio es el silencio, y menos mal que comenzó la película, porque si no, le hubiera chistado como al más pintado. Quiero pensar que en realidad no quería gritar, pero claro, si pretendía hablar con la señora que le acompañaba y la susodicha estaba a dos asientos de él, no quedaba más remedio.
Por cierto, la película era Fish Tank. Una película veterana en cartelera, que había estado a punto de ver en innumerables ocasiones y nunca me había decidido hasta ayer. La película está muy bien, pero no se la recomiendo a todo el mundo. Es bastante dura y no mucha gente tiene suficiente estómago. Aún hoy pienso en ella… y en él.

viernes, 7 de mayo de 2010

Lo que dura, dura

A ver, amigos míos, lo primero que quiero decir es que no voy a hablaros de sexo, lo lamento, pero no, una coma es una coma y entre un dura y otro dura, cambia la historia. Hoy voy a hablaros de publicidad.
Esta tarde he ido a comprar algunas cosillas, como acostumbro a hacer para que la compra del sábado no se me haga tan larga, y he comprado lavavajillas, el mismo que la última vez porque me encanta. Como mujer sencilla que soy, hay detalles que me pueden llenar de tanta energía como si de una batería de móvil enchufada se tratara. Pues eso me pasa con el olor de este lavavajillas. Lo descubrí hace muy poco y ya no me separo de él, prometido.
A lo que voy es a la publicidad engañosa. Es la primera vez que veo una publicidad engañosa a la inversa, es decir, que el producto es mejor de lo que dicen que es.
Al comprar este lavavajillas he visto que en la etiqueta había en letras destacadas un cartelito que ponía “dura hasta 8 semanas”. Claro, depende de lo que estuviéramos hablando, podría ser mucho, pero estamos hablando de un jabón para lavar los platos… ¿solo 8 semanas?
No salgo de mi asombro, porque para bien o para mal, hay cosas que no se van nunca de mi mente (no tantas como me gustaría) y no he olvidado el día que empecé el bote que se me está acabando ahora: el 1 de enero de 2010. Supongo que lo recuerdo tan claramente porque era 1 de enero, que suele ser un día destacado en nuestras vidas. Diferente hubiera sido que lo hubiera comenzado un 7 de febrero… bueno, que no hace falta ser muy inteligente para ver que exactamente han pasado 4 meses y 1 semana, prácticamente el doble de 8 semanas. Qué raro, ¿no?
En fin, que para bien y para mal, la publicidad puede ser algo bueno, pero también puede ser algo ridículo. O acaso sea una cuestión de medidas…

viernes, 30 de abril de 2010

Vecinos

¡¡¡Ding dong!!!

Ups, debo decir que el timbre del interfono que abre la puerta de mi edificio no suena ding dong, pero así os habéis imaginado una puerta en seguida, ¿a que sí? Pues continúo.

¡Ding dong!

Me dirijo a toda prisa a la puerta porque no espero a nadie a aquella hora y no quiero que el timbre vuelva a sonar, “¿Quién es?” contesto yo, “Ana, soy yo”. “Perdone, se equivoca, aquí no vive ninguna Ana y no vuelva a llamar, por favor”. “Ah, disculpe”, oigo al otro lado del interfono. Y cuelgo. Al instante oigo cómo se abre la puerta de abajo, alguien le ha abierto, imagino. La tal Ana, supongo. Pero no me quedo conforme, lo noto en mi interior. Se me pone la cara roja, me empieza a salir un humo extraño de las orejas, se me hinchan todas las venas del cuerpo. Por el amor de Dios, que se aprendan el piso de una vez, que son las ¡6 y media de la mañana!

Estoy bastante cansada de que todos los familiares y amigos de los inquilinos del 2º 1ª de mi edificio, sean quienes sean, porque cambian cada ciertos meses, tengan que llamar a mi piso unas 15 o 20 veces antes de que, previo envío a una muy malsonante palabra, se aprendan el piso al que tienen que llamar.

Reconozco que cada vez tengo menos paciencia con este error. Y no porque con el pasar de los años me vaya haciendo más impaciente (de momento, no tengo tantos como para notarlo) sino porque el error es a menudo muy inconveniente, como cuando ocurre a las 6 y media de la mañana o a las 12 de la noche, que también ha ocurrido, y me acarrea unas molestias considerables.

Los daños colaterales de según qué vecinos ya los doy por asumidos. Lo normal es que monten fiestas hasta las mil de la madrugada, que a media noche te despierten unos gritos en la escalera porque regresan a casa borrachísimos, etc. En esos casos, se llama a la policía correspondiente y los calla rápidamente, no hay más solución. Pero que constantemente todos los inquilinos que vengan tengan que invitar a familiares y amigos que se equivoquen y llamen a mi piso, es muy desagradable.

Por cierto, nada que ver con nacionalidades. Por ese piso han pasado, entre otros, chinos, colombianos, peruanos y españoles. Da igual quien venga, todos se equivocan, qué cruz.

El pasado domingo fui muy impertinente, lo reconozco. Eran las 4 de la tarde y el timbre sonó varias veces. Todas ellas fui, contesté educadamente y les dije que no era aquí y, por supuesto, no abrí. Volvieron a llamar 3 veces, les dije el piso correcto al que tenían que llamar, pues ni por esas, volvió a sonar una vez más. No sé qué barbaridad les debí decir porque cuando fui corriendo a la ventana para abrir, dispuesta a pegarles cuatro gritos cual verdulera en el mercado, vi a la mujer que me había llamado tantas veces, en la acera de enfrente, llamando por teléfono. Seguramente, después de lo que le dije no quiso volver a apretar ni un solo botón del interfono.

Uf, vecinos…

domingo, 25 de abril de 2010

Manuel Rivas

Nunca he sido amiga de aglomeraciones y como en Barcelona un 23 de abril cualquiera puede ser de lo más bullicioso, nunca acudo a las firmas de libros que se organizan con motivo de la celebración del día de Sant Jordi. Pero este año sí.
Lo primero que he de decir es que muerto Delibes no me quedan muchos escritores a los que adorar. Me gustan muchos, faltaría más, pero quitando un par de aquí o de allá, no son muchos los que me hagan levantarme de la silla más allá de para ir a la biblioteca.
Uno de los escritores que desde hace muchos años me tocó con su varita mágica fue Manolo Rivas. Nunca veréis que firme un libro así, pero a mí, por aquello de la adoración, me gusta llamarle así.
Al Sr. Rivas tuve el inmenso placer de verle y escucharle en un recital de poesía (con guitarra, de los buenos) en la Universidad de Barcelona hace muchos años, cuando yo era una pelele. Pasó el tiempo y libro a libro me fui enganchando. Me gustó mucho el lápiz de carpintero que venía de obsequio con su libro del mismo nombre, me pareció un detalle del pueblo llano y me imaginé el lápiz detrás de la oreja de un carpintero de verdad.
Del Sr. Rivas nunca supe demasiado y lo máximo que sé ahora es que tiene un hijo que es actor y está haciendo furor entre las adolescentes porque es muy guapo. Pues si el hijo es guapo no quiero ni deciros cómo es el padre. Lo máximo.
Y así, en busca de la posibilidad de ver (que no de tener su firma) al Sr. Rivas, me fui directa al lugar más cercano en el que sabía que firmaba a la hora a la que yo podía llegar. Pues supe mal. Llegué al centro comercial en cuestión y allí estaban un montón de escritores o personajes mediáticos, pero él no. En ese momento estaba a punto de asomar a mi cara un vestigio de tristeza cuando pensé que tal vez me había equivocado y a esa hora estaba en el centro siguiente (a unos 15 minutos de allí).
Tras superar todos los obstáculos que se me pusieron en el camino, llegué y le vi, solo había una chica en la cola, a la que ya estaba firmando. Me puse detrás toda feliz. Pero en ese momento me di cuenta de que no tenía libro en el que el hombre me pudiera firmar. Salí disparada al puesto más cercano y compré el primer libro que me dieron cuando pregunté ¿qué tienes de Manuel Rivas? Pagué todo lo deprisa que pude y volví a la cola. Aún estaba firmando a la misma chica. Me pareció raro, habían pasado unos minutos… miré a otra chica que el escritor tenía detrás (sin duda de la editorial) y ella me miró con cara de… tranquila, que te firmará… esperé paciente y aún tuve que esperar algo más porque ¡estaba dibujando! Le estaba haciendo un dibujo. Eso me suena, porque no es el primer escritor que firma así (ya lo hacía el gran José Hierro, pero no tengo ninguno). De pronto acabó, le dio la mano a la chica y ella se marchó. Llegó mi momento.
Y porque lo que más me interesa de muchas personas es su esencia, lo primero que le pedí es que me dedicara el libro, por favor, en gallego, y supongo que le gustó (porque es gallego, claro). Me hizo un dibujo precioso, de libertad, y mi dedicatoria fue muy linda, si no os importa, me la reservo para mí. Otro día la comparto.
Cuando terminó el dibujo se levantó y me dio dos besos.
Moitas gracias, le dije, y no querría haberme ido, pero me fui.

jueves, 22 de abril de 2010

Letras y flores

Mañana, 23 de abril, será como casi todos los años, Sant Jordi, San Jorge y Saint George, qué barbaridad, qué santo más majo, ahí está él en todas sus versiones.
En Aragón es un día de fiesta, pero festivo de verdad, de esos festivos que hacen que las tiendas estén cerradas y que la inmensa mayoría de personas no vayan a trabajar. Qué suerte, este año tienen un fin de semana largo por delante.
En Cataluña también es un día de fiesta, pero la fiesta la hacen los ciudadanos. Aquí trabajamos todos un ratico y en cuanto podemos, salimos disparados a la calle con amigos, en pareja o como se nos antoje, a disfrutar del espectáculo.
Las ciudades se llenan de libros y rosas. Es una hermosa tradición que el chico regale una rosa a la chica y la chica le regale un libro al chico. Cada vez más, todos, chicos y chicas, tenemos nuestra rosa y también nuestro libro.
Bueno, todos no. Yo he tenido la mala suerte de no recibir jamás una rosa de una pareja. Ojo, y no es que haya dado la casualidad de que no haya tenido novio ningún 23 de abril, es que ha dado la casualidad de ir a dar con los pocos hombres que deben encontrar una tontería esto de las rosas y de los libros… aunque ninguno rechazó mi libro, todo hay que decirlo.
En fin, que como es una bonita celebración, sin rosa es muy difícil quedarse porque siempre hay un padre, un amigo o incluso una empresa, que se encarga de poner ante tus ojos la tan romántica flor. Mis rosas preferidas no son las rojas, por cierto, suelen ser las más abundantes y también muy hermosas, pero con la variedad de colores que pueden ofrecer las rosas hoy en día, una personalidad diferente también ha de tener un color diferente, ¿verdad?
Bueno, pues ya os cuento en otro momento si este año he tenido rosa o no. Sin libro, no me quedo ;-)

sábado, 17 de abril de 2010

AECC

Iba yo un día por la calle tan distraída cavilando en mis cosas cuando de pronto uno de esos chicos de ¿tienes un minuto? Me disparó con su enorme boca sonriente. Y yo debía tener el día torcido porque pensé que la boca debía de ser lo único que tenía enorme, porque era más bien bajito el mozo.
El tema es que yo siempre tengo una buena excusa para no tener el famoso minuto, o bien porque realmente no tengo tiempo para pararme o bien porque lo que menos me apetece es que me intenten vender algo que sé de antemano que no quiero comprar (llámese tarjeta de un banco o colaboración con una ONG, da igual). Pero ese día, por motivos que escapan a mi razón, me paré y le dije “bueno, depende” y a la vez que lo decía, vi la chaqueta que llevaba, el logo era el de la AECC, Asociación española contra el cáncer. Sería casualidad, pero era la primera vez que alguien de la AECC me paraba por la calle y tal vez por eso vacilé algo más. El chico empezó a hablarme en un tono muy cordial y tranquilo y yo, reponiéndome rápidamente de mi vacilación, le dije que tenía prisa y él me dijo que en qué dirección vas, te puedo acompañar un rato mientras te explico. Eso me llegó al alma y como el cáncer por A o por B a todos nos ha tocado y a mí también me ha tocado el alma, le hice caminar un ratito y luego me dio pena que debiera variar tanto su ruta y nos sentamos amistosamente en un banco. Lo que quería era que yo me hiciera socia, y yo, seguramente, también lo había querido siempre. Y me hice.
Así que espero que el por ahora exiguo dinero que voy a dedicar , que de hecho ya estoy dedicando, sirva para que muchos científicos puedan investigar. Para que mucha gente se pueda beneficiar y para que igual que hace muchos años la gente se moría de gripe y ahora no, podamos decir un día que antes la gente se moría de cáncer y ahora no.
Descubrí en ese momento que ese chico que me había parecido bajito y que tenía la boca enorme, tenía también otra cualidad inmensa, su generosidad.

lunes, 12 de abril de 2010

Momentos eternos

Cuando ves una película en un tren, es muy fácil que en un momento dado, la imagen de la pantalla se quede parada, como congelada. Luego, lo mismo que el tren, vuelve a arrancar.
Una de las veces que ocurrió ayer fue durante un beso de los protagonistas.
Como no estaba viendo la película, en un momento alcé la cabeza, me encontré con la escena y pensé lo típico “qué bonito”, y acto seguido me dije “qué largo” y un segundo después decidí que la imagen se debía de haber detenido porque semejante longitud de beso no era normal y, oye, en efecto, no lo era.
A continuación, como no quería seguir viendo la película con beso o sin él, me puse a reflexionar.
¿Os habéis parado a pensar en cuál elegiríais si tuvierais la oportunidad de detener el tiempo en un solo momento de vuestra vida?
A condición de continuar después claro, ¿qué momento ganaría? Uno bueno, imagino. O no, vosotros mismos. Cada uno es el protagonista de su propia vida.

jueves, 8 de abril de 2010

Mímesis

Seguro que hay múltiples maneras de adelgazar, esa fiebre que le entra a muchas personas cuando el buen tiempo se acerca o cuando algún serio riesgo para la salud acecha.
Pero una idea que pasó por mi cabeza hace unos días fue la de adelgazar por mímesis, por imitación de lo que otros hacen.
Seguro que es la última forma de adelgazar que a nadie se le puede ocurrir, pero vino a mi cabeza por una casualidad: en 48 horas exclamé la misma expresión tres veces: ¡cómo ha adelgazado este hombre! Los dos primeros los pillé en programas de sanos cotilleos (es decir, en programas ajenos a la telebasura, que los hay) un cantante y otro cantante, y el tercero, en las páginas del diario dominical que tan religiosamente compro cada domingo, un político. A saber.
Miguel Bosé ha reconocido abiertamente en la promoción de su último disco que ‘estuvo a punto de’ palmarla porque el cardiólogo le dijo hace unos meses que o adelgazaba o sus riesgos de irse al otro barrio iban a ser más que altos, es decir, altísimos. Está guapísimo, no dejó de estarlo en ningún momento, pero oye, ahora da gusto oírle y verle a la vez.
David Bustamante. A este chico, que por aquellas casualidades de su vida podemos seguirle la pista hasta el más mínimo detalle sin movernos de la butaca, le hemos visto en la promoción de su último disco luciendo un cuerpo bastante más en forma que en el anterior. El chico se casó, fue feliz, engordó y cuando se le pasó la tontería o su representante le pegó un toque de orejas, adelgazó.
Y la más grande de las sorpresas, Joan Puigcercós. Menuda alegría se llevaron mis ojos cuando abrí las páginas de La Vanguardia del pasado domingo y le vi, mirando a cámara cual Kortajarena. A mí no me gusta, que vaya eso por delante, pero me pareció que de unas páginas a otras, había mejorado barbaridad.
Si os soy sincera, me congratula enormemente que no seamos solo las mujeres las que con el paso del tiempo tengamos que hacer algunos sacrificios para no andar unos años por delante de nuestra edad ni de nuestra salud, ojo, ni por delante ni por detrás, a cada uno lo suyo, pero si un kilito de menos nos proporciona una mejor calidad de vida, bienvenido sea.
Y una de dos, o han adelgazado por cualquier otro motivo o, quién sabe si por mímesis.

sábado, 3 de abril de 2010

Sería feliz

Ayer terminé de leer un libro muy bueno, buenísimo. Pero tranquilos, que no os lo voy a recomendar hasta dentro de unos días. Se acerca la mágica fecha de libros y rosas que es San Jordi (Jorge, George, lo que ustedes quieran), 23 de abril, fecha en la que si uno no ha dado con el libro perfecto cae en la más absoluta de las normalidades. Yo, por esas casualidades de la vida, en la cita de 2010 ya he salido de ella. Lo dicho, dentro de unos días.
A lo que voy hoy es a las casualidades. A veces no prestamos la debida atención a un detalle y por ello nos perdemos un gran libro, una gran canción, un gran algo… por no estar atentos.
Ayer, mientras me tomaba una cerveza con un hombre extraordinario (qué suerte la mía), sonó una canción de fondo. Acompañando nuestra conversación, el estribillo se iba metiendo poco a poco en mi cerebro sin que me diera cuenta, pues solo al salir del local, mientras corríamos hacia el autobús, fue cuando me di cuenta de que el estribillo seguía ahí, el estribillo y la melodía entera de toda la canción.
Aquí va, la canción es Sería feliz y la canta Julieta Venegas. Debe de ser una de las últimas, porque no está muy oída. Os iba a poner el vídeo, que tiene algo de propio de Semana Santa, pero en un foro leí que era mucho mejor la versión en directo de esta canción, y mira tú por dónde, a mí también me lo parece. Feliz Sábado Santo.


martes, 30 de marzo de 2010

Pretérito imperfecto...

…de subjuntivo. Tranquilos, no os echéis a temblar, que los verbos también pueden ser divertidos, y además, no os voy a examinar, ya veréis, os cuento.
Hace unos días tuve la gran suerte de charlar un ratito con una persona navarra, de Pamplona concretamente. La conversación, de tipo profesional, fue bastante amena dado el carácter abierto del señor en cuestión, porque si hubiera tenido que depender del mío, que aquel día no era la alegría de la huerta precisamente, mal nos hubiera ido a los dos.
Lo curioso de aquel señor es que nunca utilizaba el pretérito imperfecto de subjuntivo y en su lugar usaba el condicional, de indicativo, mondo y lirondo.
Como ya estoy viendo vuestras caras a cuadros, voy a poneros unos simpáticos ejemplos. El pretérito imperfecto de subjuntivo es el famoso ‘hubiera o hubiese’, y el condicional (huelga decir que es de indicativo porque no hay condicional de nada más, que se sepa), el ‘habría’.
Teniendo en cuenta estas premisas, lo natural (para mí, no para este señor) es decir ‘si hubieras venido, te habría invitado a una copa’, para este señor, lo natural es decir, ‘si habrías venido, te habría invitado’, con lo cual, uno nunca sabe si es que le habrían invitado y nunca le invitarán o ya le invitaron y tampoco le invitarán o… bueno, que en realidad este tipo de frases no se dieron en nuestra conversación, porque hablábamos de libros, papeles y cosas raras, no de irse a tomar una copa, por lo tanto, no puedo certificar si me quedé sin invitación.
Lo que sí puedo garantizar es que por errados que vayamos en el uso de los verbos, si lo arreglamos con alguno de los múltiples elementos que pueden hacer la comunicación eficaz, no tendremos problema alguno ni para mantener una conversación de trabajo, ni para alternar en un bar.
Por cierto, no me negaréis lo bien que se está en Pamplona tomándose unos vinos y unas tapas, eh. Se olvida uno de los repelentes verbos bien rápido; si no habéis estado nunca, no sé a qué esperáis :-)

sábado, 20 de marzo de 2010

Naftalina

Las personas se dividen en dos tipos: los que saben lo que tienen delante y los que saben lo que tienen delante y también lo que tienen detrás. Es decir, hay personas en el mundo que tienen una gran capacidad para controlar el espacio físico que les envuelve y otras no.
A tan sesuda conclusión he llegado tras miles de viajes en metro. Cualquiera que viaje habitualmente en un transporte público como el metro habrá podido comprobar que las experiencias que se viven junto a otros humanos en cada viaje son ilimitadas. Hoy me centraré en la ignorancia espacial.
A menudo observo (por no decir sufro) a personas que entran en un vagón de metro y se colocan donde mejor les parece. Lo curioso es que a veces se sitúan frente a mí, me dan la espalda y no dejan ni 10 centímetros de espacio entre los dos, cuando por delante tienen mucho espacio porque no hay nadie enfrente. Es algo que me sorprende sobremanera y me da que pensar.
Pero vamos a ver, señores míos, ¿no ven ustedes que se están pegando a la persona que llevan detrás? Si vamos como sardinas no hay nada que objetar porque más que ubicarnos, nos acoplamos o nos embutimos donde buenamente podemos, pero si el vagón va medio vacío… hombreeee, que no, que no, ¿qué necesidad tengo yo de oler la naftalina de su abrigo? Algo así lo suelo solucionar rápido porque me entra un repentino y breve ataque de tos que a la fuerza tiene que sentir la persona en cuestión en su cogote y que provoca el inmediato adelantamiento de uno o ambos pies, con la consiguiente liberación de espacio. Pero no deja de resultarme curioso, puesto que la persona primero entra en el vagón y luego se coloca de espaldas a mí, de modo que a la fuerza ha tenido que verme de cara en algún momento, sabía que estaba yo allí…
Con la actitud de las personas frente a la vida ocurre lo mismo. Conozco a gente que a menudo lo tiene todo disponible por delante y sin embargo no sabe (o ha olvidado, porque es obvio que alguna vez lo supo) lo que queda por detrás. A mí en el fondo me dan mucha pena. Más les valdría hacerse buenas composiciones de lugar antes de seguir, no vaya a ser que alguien les tosa por detrás y tengan un disgusto…

jueves, 11 de marzo de 2010

Conocimiento del medio

Cuando yo era pequeña estudiábamos algo llamado Ciencias Sociales, vamos, las Sociales de toda la vida. Lo que más me gusta de ese nombre es que no se puede negar que premonitorio de lo que podía tratar dicha asignatura sí era. En la actualidad diría que se ha traducido por Conocimiento del medio. Ese nombre me asusta un poco más. Primero porque, puestos a conocer, yo preferiría conocer el entero antes que el medio; pero si no podemos elegir… entonces, ¿qué medio vamos a conocer exactamente? Tened en cuenta que son 37 las acepciones que el diccionario de la Real Academia le da a tan incógnita palabra. Ahí queda mi duda.
Pero volvamos a lo nuestro. Tal vez del estudio profundo de las ‘Sociales’ hayan surgido iniciativas como la de unir a la humanidad entera vía redes… eso, sociales.
Me maravilla cada día más la capacidad que han recuperado estas redes de poner en contacto a personas que jamás hubieran retomado una determinada relación de haber continuado con las costumbres de antaño. Personas cuyos caminos divergieron por sus respectivos cauces y que, para bien o para mal, la tecnología se ha encargado de hacerlos converger.
Hay quien tiene miedo de tan osada interrelación, pero yo estoy encantada, porque, como pasa en tu vida real, al final solo tienes tiempo para la gente que de verdad quieres, incluidos los que hace años que no habías visto.
Yo intento apuntarme a las cenas que organizan los compañeros de mi colegio (no instituto, no, cole cole), son un grupo con un imán especial, porque han organizado más de una, de dos, de tres y… sí, ya sé que sabéis contar, pero es que me emociono al pensar que esta clase se juntó una vez para recordar viejos tiempos y ahora hay pupilos capaces de recorrer medio mundo para volver a juntarse con los compañeros.
Solo he podido ir a las dos últimas, pero me lo he pasado en grande recordando viejos tiempos y poniendo al día la información de sus vidas. Qué divertido es ver sentado frente a ti veinte años después al niño que te volvía loca de pequeña, mocosa de mí…
Les dedico mis palabras de hoy.

sábado, 6 de marzo de 2010

BCN-NY

No tengo ni la más remota idea de en qué se parecen los bomberos de Barcelona y los de Nueva York, en que su misión principal es la de apagar fuegos, supongo.
Hace unos días, iba yo tan rápidamente como acostumbro a caminar por la calle, destino de mi dentista, cuando a mi derecha reparé en un edificio que bien podría estar sacado directamente de una calle de Nueva York, entre la 32 y la 34, por ejemplo.
Al ver aquel edificio, en pleno Ensanche, nada me hizo pensar que estuviera caminando por Barcelona. Un edificio de ladrillo viejo y con unos ventanales bastante más anglosajones que mediterráneos me hicieron fijar mis ojos en aquella imagen, todo me recordaba a la gran manzana. La noche aún no había caído, pero ya no había demasiada luz. Los tonos rojizos del edificio hacían pensar en policía, seguridad, bomberos. Sin duda, en servicios de seguridad.
Cual chiquilla, deseé que en ese mismo instante el mundo se parara y empezaran a sonar estruendosas alarmas y salieran bomberos y bomberos de aquel edificio, fenómeno aterrador y espectacular a la vez, pero no ocurrió, así que proseguí mi camino hacia la cruda realidad de un dentista.
Me resulta muy curioso pensar que ese edificio puede estar fuera de toda lógica estética, es discutible. Incluso el vetusto vecino Hospital Clínic se ha renovado recientemente. El edificio de los bomberos desentona gravemente en su vecindario. Y creedme si os digo que estoy encantada. Ignoro si por dentro cumple sus funciones o, por el contrario, necesitaría una manita rápida que le diera algo de lustre, pero me gusta pensar que la funcionalidad de ese edificio está por encima de su estética. A mí me gusta.
Por otro lado, me pregunto qué tendrá de malo tener una estética neoyorkina en pleno centro de Barcelona… algo de Barcelona habremos encontrado alguna vez en Nueva York, ¿verdad?

lunes, 1 de marzo de 2010

El chacachá del tren

Por causas bien diferentes, prácticamente opuestas, este fin de semana he tenido que viajar en varios trenes.
En esta ocasión los elegidos fueron un tren de cercanías y otro de larga distancia. Valga decir que adoro viajar en tren, entre otros motivos, por la cantidad de emociones que experimento.
En el primero de los viajes, en cercanías, descubrí que las personas que duermen pueden ser muy atractivas. Iba yo ensimismada en mis errantes pensamientos cuando de pronto me percaté de que un atractivo hombre estaba sentado frente a mí (en los asientos que van situados dos mirando de frente a otros dos). Ni me había fijado en cuándo había llegado allí. Sin duda, la primera en sentarse había sido yo, y de ello deduzco cuán sesudas debían de ser mis cabilaciones que ni había reparado en tan atractivo hombre.
Lo curioso es que muy pronto me di cuenta de que estaba calificando a ese hombre de muy atractivo cuando en ningún momento le había visto los ojos abiertos. Iba escuchando música y con los ojos cerrados. Debía de dormitar, porque no los abrió en 10 minutos que le miré sin parar.
Y sí, al final (de mi trayecto) pude comprobar que era casi tan atractivo con los ojos abiertos como con ellos cerrados. Marrón intenso, por cierto.
Su anillo y él se quedaron en el vagón cuando yo me bajé del tren.
Al día siguiente me desplacé en AVE a toda velocidad, no sé si muy alta (ahora que estoy familiarizándome con el japonés dudo de todo lo que sea ‘alta’ velocidad), pero mucha en todo caso. La velocidad es tanta que encuentro un grave defecto a los desplazamientos de media distancia en ese tipo de tren: me pierdo parte de la película. Puede parece un tema liviano, pero no lo es tanto cuando te das cuenta de que has visto decenas y decenas de películas a medias. La mayoría son muy actuales, “reciente adquisición de videoclub” las podríamos denominar, y si ya me las he perdido en el cine, parece ridículo que las alquile para ver el último cuarto de hora o la primera media hora… de verdad que empieza a preocuparme.
Pero una de las cosas que más me ha llamado la atención es el tema de la cobertura. Recibí la llamada de un amigo cuando yo calculaba que estábamos a punto de entrar en un túnel y rápido le previne de lo típico ‘a lo mejor se corta, que vamos a entrar en un túnel’, ‘vale’, dijo él. Y no se cortó, buen rato después seguíamos hablando. Y cuál fue mi sorpresa cuando de pronto mi amigo se calla y me parece extraño y miro el teléfono y resulta que no, no se ha callado, es que se ha cortado. Miro por la ventanilla y estamos al aire libre. Increíble. Túneles con perfecta cobertura y exteriores con perfecta luna llena. Curioso el capricho de las nuevas tecnologías, ¿verdad?
Decidido, pronto volveré a hacer un viaje en tren, del tipo que sea. A ver qué pasa.

sábado, 20 de febrero de 2010

Broken Doll

A una noche de sábado le va perfecto algo de espectáculo y no me negaréis que en nuestros días, te encuentres donde te encuentres, es fácil acceder a cualquier show, del tipo que sea.
Convendréis conmigo en que hay momentos en los que no apetece ser el protagonista, ni asistir a función alguna. Pero si algo tiene el espectáculo de característico es que debe continuar…
Hoy os quiero dejar con uno de mis últimos descubrimientos, Paloma Faith. Esta jovencita británica tiene una voz de alta categoría. Para mi gusto (personal e intransferible) lo tiene casi todo en contra, es bastante aguda y su aspecto es en demasía… dejémoslo en “excesivo”, pero tiene una buena voz y muchas de las pocas canciones que ha lanzado hasta ahora, me gustan. Así que sin duda puede ser un buen espectáculo.
Lo gracioso de este vídeo es el monólogo para entretener al público que tan dulcemente interpreta al comienzo, la canción tarda unos instantes en llegar, pero me gusta :-)

domingo, 14 de febrero de 2010

Renoir

Hoy os hablaré de cine. Ni de pintura, ni de museos, de cines, los Renoir. Así que a quien no le interese el tema, que deje de leer aquí, que ya os advierto que de pintura no va la entrada de hoy, en principio.
Yo vivo relativamente cerca de uno de los dos cines Renoir que hay en Barcelona, a saber, son el Les Corts y el Floridablanca; el primero le debe su apellido al barrio, el segundo, a la calle en la que se ubica. Ambos le deben el nombre al cineasta… sí, hijo del pintor, sabía yo que antes o después iba a nombrar al pintor…
Bueno, a lo que iba, que hoy he ido al cine, al que no es el ‘mío’ al Floridablanca, porque la película que quería ver solo la daban en aquel. Muy a mi pesar, porque el Les Corts es más íntimo, más de estar por casa. Una de dos, o es más viejo, o han invertido menos dinero (o ambos), porque yo entiendo que si el Floridablanca está en el centro de la ciudad, atrae a más público y vale la pena invertir en él, eso lo entiende cualquiera. Pero que yo me siente en alguna de las salas del Les Corts y al sentarme en la butaca esté más cerca del suelo que si me sentara en el mismo suelo, resulta cuanto menos, curioso.
Pero me gusta, por raro que os parezca. Me gusta que casi nunca haya colas eternas para comprar la entrada (la cola más enorme la recuerdo para ver una de Woody Allen, la cola era enorme y la lluvia que nos caía más, pero es que Woody mueve mucho, amigos), me gusta que la calle sea tranquila, me gusta que sean salas de cine en versión original y me gusta que pueda ir y volver andando desde mi casa. Sentarme tan cerca del suelo, vale la pena en algún caso, muy pocos, y este es uno de ellos.
Pero hoy no he ido a mi cine favorito, he ido al ‘otro’ porque no tenía opción de ver a uno de los actores más atractivos en grande. He ido a ver Up in the air. Película muy interesante por su temática, real y universal como pocas, y que para los que estéis aprendiendo inglés, os va a ir genial ver en versión original; Clooney, además de otros talentos, tiene una dicción que ríete tú del mejor profesor de Oxford. Aissss, muchas gracias Renoir.

martes, 9 de febrero de 2010

Electricidad

Llego a casa y enciendo la luz, voy a mi habitación y repito la operación, enciendo la luz. En primer lugar porque no tengo mucha luz natural en todas las habitaciones y en segundo lugar porque son más de las 6 y media de una tarde de febrero y ya es hora de que el sol se haya ido a dormir.
Me quito la ropa que llevo y me pongo cómoda. Intento vestir muy cómoda siempre, pero para ir a trabajar a veces llevo tacones que en cuanto llegan a casa les gritan a las zapatilla, venid venid, os toca. Y así es la cosa.
En seguida pongo música de fondo, cualquier emisora de radio si lo que quiero es escuchar música "de fondo". Voy al baño, me lavo con agua caliente (gracias al calentador de agua, que es eléctrico y que no requiere encenderlo de manera manual, como ocurría con el que tenía hace años, ahora abres el grifo y el agua se calienta al instante, prodigioso).
Después voy a la cocina y me preparo algo para merendar, algo ligero y hoy, como llueve mucho, me apetece algo calentito. No tengo microondas, así que enciendo el fuego, caliento la leche y me preparo un Nescafé suave.
Mientras lo tomo, decido que es buen momento para escribir en mi blog. Pienso en vosotros. Pero tengo frío, así que me acerco a la estufa y la enciendo, no muy fuerte, porque hoy ha llovido pero no ha hecho mucho frío. Ahora mejor.
Ostras, tengo el móvil casi sin batería, esperad, que lo voy a poner a cargar.
¿Me siento?
Pues no, aún no, perdonad, dejaré la lavadora funcionando mientras escribo. Lleva días lloviendo y no me gusta poner la lavadora tan alegremente como cuando hace un sol radiante, pero la ropa se acumula y aunque la tenderé bajo cubierto, necesito ponerla.
Ahora sí, me siento frente a mi portátil, que previamente cargué. Hay veces que no me importa trabajar con el portátil conectado a la corriente, pero hoy no me apetecía, hoy he querido hacerlo sin cables para homenajear a alguien, porque por sencillo que parezca, nada de todo lo que he hecho hasta ahora podría haberlo hecho de igual forma si no fuera por la electricidad. Probablemente no pensamos en ello a menudo, pero tenemos mucho que agradecerle hoy al fenómeno que nadie inventó, a ese que al correr de los tiempos fue haciéndose más fuerte hasta que llegó un día en que sin duda alguna, dominó el mundo. ¿Qué somos sin ella?

viernes, 5 de febrero de 2010

Odios y pasiones

Hace unos días pasé un fin de semana en Zaragoza, ciudad a la que por diversos motivos, me unen prácticamente todos los vínculos emocionales posibles. Ese fin de semana tuve oportunidad de vivir en mi persona los amores y los odios que algunas personas suscitamos(ais) en el mundo.
Iba yo paseando por la calle una noche cuando de pronto, en el momento en el que adelantábamos a una pareja a la altura de un bar, se oye la voz del hombre que dice: “tenían que morirse todos, empezando por Guardiola”. Imposible describir la cantidad de emociones adversas que acudieron en tropel a mi mente. Intenté respirar hondo y giré mi cabeza con toda la virulencia que mis cervicales me permitieron, me dirigí a él y le dije “muchas gracias, hombre, y yo la segunda… pues muy a su pesar, también hay culés en Zaragoza, que lo sepa”. Obviamente se refería al resultado futbolístico que acababa de ver en la televisión de un bar, al pasar por delante de él, y era obvio que el Barça iba ganando y era evidente también, que esa persona era de un equipo que no era el barcelonés, pero me pareció algo excesiva la expresión, máxime cuando no estaba en el fragor de ninguna pelea futbolística.
Pero es que al día siguiente me ocurrió prácticamente lo contrario.
Cuando me dirigía a la estación a coger el tren, me di cuenta de que llegaba algo justa de tiempo y aunque seguro que hubiera llegado, soy un poco ‘agonías’ en este aspecto y siempre me gusta llegar con tiempo a los medios de transporte. De modo que paré un taxi y me subí a él.
Es muy habitual que los taxistas que te llevan a estaciones o aeropuertos te pregunten por tu destino, imagino que con eso, sus mentes también viajan por un momento. Reconozco que a veces no he querido revelar mi vida privada a un desconocido y he dicho el primer destino (creíble) que se me ha pasado por la cabeza. Pero después de la puñalada que había recibido ayer, dije con la boca bien grande “a Barcelona”. Bueno, en qué momento dije Barcelona. Seguro que a ese hombre le dicen que va a ser abuelo y no se emociona más. Casi se le saltaban las lágrimas. Ahora, a punto de jubilarse, si es que no lo estaba ya… vivía en Zaragoza, su ciudad natal, pero había estado muchos años trabajando en Barcelona y área del Vallés y el hombre se emocionaba al recordarlo. Que todos le habían tratado muy bien, que sus compañeros le habían acogido muy bien, que en las reuniones sus compañeros hablaban castellano por él y él se negó porque quería participar de su cultura… vaya, le sobraban argumentos para alabar a los catalanes con los que se había encontrado en su camino. Regresé en el tren con una sonrisa en mi cara.
Increíble. En 48 horas había experimentado en mi propia persona los sinsabores y las alegrías que inspiramos algunos catalanes por el mundo.
Y lo más curioso del caso es que no pienso que se trate de catalanes, ni de andaluces ni de helvéticos. Se trata de sentimientos, de emociones y, por mucho que cueste creer, de inteligencia, de ida y de vuelta.

viernes, 22 de enero de 2010

Simplemente

Como mucha gente, yo tengo varios ex y varios ex con blog, pero hoy solo os hablaré de uno. Del blog del ex que tiene un blog con imágenes, él sabe quién es.
Como ya sabéis los que me leéis (y gracias a todos, porque sois muchos) de mis ex no he hablado prácticamente nunca en este blog, entre otras cosas porque intento hablar de cosas positivas… :-D va, permitidme la broma, chicos, que no es para tanto. Pero lo he hecho un par de veces, de ex diferentes, eso sí, seguramente de los más importantes.
Y es que igual que no todas las personas que conocemos nos dejan la misma huella, con los ex pasa lo mismo.
Porque para más inri, yo lo pongo fácil, porque meto en la categoría de ex a todo el ex que ahora lo sea, del tipo que sea… parejas largas, cortas, eternas, amantes, flirts (a esta palabra prometo dedicarle un día la sección Palabra del día…), todo aquel que haya tocado de algún modo mi corazón y algo más, ahí tienen cabida.
Incluso amores platónicos, fijaos, qué manga ancha me gasto…
El truco para meter a tanta gente en el saco ‘ex’ reside en añadir ex a lo que realmente fueran, por ejemplo, ex novio, ex amante, ex amor platónico, y así, sin mentir, aumenta la cantidad de ex en un plis plas (o más amenamente, que diría un compañero de trabajo), que en algunos círculos puede aumentar el caché emocional de las personas, pero yo prefiero pensar que sirve para mantener la mente en forma, por el simple hecho de intentar recordarlos a todos. Porque tras un tiempo pasado, todo puede ocurrir (o a mí me ha ocurrido), que los que han dejado huella sigan ahí y los que pasaron inadvertidos, pues Dios sabrá dónde paran…
Total, que se me han pasado las frases sin hablar del blog que quería hablar, qué cosas… pero el rato ha pasado bien amenizado por la discografía de Simply Red. Qué ochentera me pongo a veces... Aquí os dejo uno de sus éxitos, con un vídeo realizado en el metro de New York. Hoy toca flashback, hay clásicos que no pueden perderse.

domingo, 17 de enero de 2010

Apolítica

¡Yo soy apolítico! exclamó ayer con gran entusiasmo un hombre que estaba sentado junto con otros tres en un banco de un pasaje peatonal, muy cerca de mi casa.
Parecía uno de esos hombres que a las doce del mediodía de un sábado ya lo tiene todo hecho y se dedica a tomar, tan ricamente, el sol de invierno en un banco con sus amigos, mientras los que nos creemos jóvenes vamos casi a la carrera, de una tienda a otra, con bolsas en la mano y la mente llena de quehaceres de un sábado por la mañana.
Me fijé en su exclamación porque en ese momento yo pasaba justo a su lado. Me hizo sonreír porque pensé, este hombre, como tantas otras personas, está cansado de políticos y, lo que es peor, de política.
Pero cuál fue mi sorpresa cuando justo a continuación añadió… “me gustan tanto los de izquierdas como los de derechas”, y soltó una risa muy simpática.
Proseguí mi camino algo desconcertada, la verdad, porque si uno es apolítico, irremediablemente, no es amigo de política, porque para eso (entre otras muchas cosas) sirve el prefijo a- para decir que niegas lo que sigue a continuación. Pero este buen hombre no solo no lo negaba, sino que estaba haciendo alegato de algo difícil de encontrar hoy en día, que estés a favor de unas ideas políticas y a la vez, de las opuestas.
Tal vez es que las ideas políticas en algunos momentos de algunos países no son tan opuestas, o que una mente optimista puede encontrar valores positivos tanto en una corriente como en otra. Daría algo grande por saber lo que vota este hombre en las elecciones…
Por otro lado, descubrí que no tenemos un prefijo que lo aúna todo. Si este hombre necesitaba una palabra para indicar que le gustan muchos partidos políticos, no la tenía (y a mí no se me ocurre) –seguramente porque es difícil de concebir que seas de derechas y de izquierdas a la vez–, por lo que utilizó la opuesta. Gran virtuosismo lingüístico el de este señor. Volveré a pasar por ahí, por si tengo la fortuna de escuchar alguna otra frase tan aleccionadora como esta: soy apolítico.

sábado, 9 de enero de 2010

Polvo eres

Os voy a contar algo que muchos de vosotros no sabéis de mí. Vivo peligrosamente enganchada a Radio 5 todo noticias. No sé qué me tiene tan enganchada, pero me tiene. Por cierto, ignoro si Radio 5 se puede llamar así a secas, porque a mí solo me sale todo seguido: Radio 5, todo noticias.
La primera vez que escuché esta cadena de radio fue a través de la radio de mi padre, es un fan de Radio 5 todo noticias. Muchas veces la tiene de fondo en casa durante el día y siempre la escucha durante dos de las comidas imprescindibles del día: el desayuno y la merienda.
El caso es que algunos días, en especial durante el fin de semana, le acompaño en estos dos quehaceres, y ahí me tenéis tan a gusto escuchando una muy entretenida e instructiva emisora de radio.
En esta emisora se disfruta, entre diversos programas, de pequeñas piezas de unos cinco minutos de información de muy diversa índole. Desde cinco minutos dedicados a mantener vivo el planeta, cinco minutos dedicados a los videojuegos, otros cinco dedicados a lo último en investigaciones científicas, cinco más dedicados a resolver incorrecciones del lenguaje, etc. Los llaman microespacios y más que micro, en mi mente llenan macroespacios. Aunque sin duda, mi preferido es Polvo eres, el microespacio de Nieves Concostrina, que trata temas mortuorios. Entierros curiosos, divertidos, dramáticos, espectaculares, epitafios de lo más desternillante o información interesante sobre el delicado tema de la muerte. A nadie he oído hablar con tanto acierto de estos temas, tanto, que no destaca (por morboso) lo más mínimo del microespacio que le preceda. Esta periodista logra hablar con tanta naturalidad de estos temas que una desea (no, morirse no, lo siento) pero sí desea que cuando enciende la radio, el siguiente microespacio que aparezca sea el suyo. Pero si buenos son los textos y buena es la voz, no menos buena es la banda sonora de este microespacio. Cinco minutos ideales.
He de reconocer que si uno anda muy ocupado, no es necesario escucharla todos los días a todas horas, porque alguna vez que otra repiten los microespacios; pero si aun así, alguien se pierde su preferido, siempre está Internet para sacarnos del apuro.
Aquí un ejemplo:

Matrimonio Póstumo (Polvo Eres)

martes, 5 de enero de 2010

Queridos Reyes Magos

Queridos Reyes Magos,

Sabéis de sobra que hace mucho tiempo que no os escribo, pero este año haré una excepción. Espero que vosotros no.
Soy consciente de que hoy estaréis muy ocupados repartiendo alegrías por los hogares de medio mundo, así que no os preocupéis en absoluto por mi carta, que lo que os voy a pedir no es necesario que esté mañana mismo en mi ventana, aún me queda algo del año pasado.
Cuando salía hoy del trabajo con un compañero, veníamos hablando de vosotros, precisamente. Él me decía que prefería recibir carbón porque eso significaba que durante el año se lo había pasado en grande, mucho mejor que los “niños buenos”, que se han pasado todo el año con el culo (uy, perdón) pegado a la silla.
Reconozco que en el fondo estoy con él, pero yo hago una reinterpretación de su idea. Es mejor disfrutar de la vida lo máximo que se pueda (según posibilidades) que intentar guardar las formas de niño bueno, esperando esa recompensa que, tal vez, nunca llega (ni tan siquiera en forma de carbón).
Definitivamente, una cosa no quita la otra. Se puede disfrutar de la vida sin sembrar el mal. Otra cosa muy distinta es que ‘te miren mal’ por hacer cosas que te gustan, cuando ni estás perjudicando a nadie ni a nada. A eso muchas veces se le llama envidia y ya es otro tema.
Yo lo que quiero decir es que este año he sido muy buena y las más de las veces, me lo he pasado en grande, ¿eso cuenta? También me han pasado cosas malas, pero en una noche mágica como la de hoy, no las recuerdo, porque me pongo triste y no quiero.
Aquí va mi petición: os pido toda la felicidad y alegría del mundo. Pero solo la que os quede pasado mañana, eh, como hemos quedado, que esta noche tenéis que repartir muchísima por todos los hogares :-)
Muchas gracias y hasta el año que viene.

sábado, 2 de enero de 2010

Escaparate

Se acabaron los anuncios comerciales en Televisión Española. Esos que todos reconocemos fácilmente cuando los presentadores exclaman ‘nos vamos a publicidad’. Eso es, dicho tipo de publicidad ha desaparecido desde el 1 de enero de 2010 de las emisiones de la cadena pública de televisión estatal.
Yo ni me alegro ni me entristezco, quienes se tienen que alegrar son los directivos de otras cadenas, porque a ellas acudiré para seguir viendo anuncios.
A mí me gustan mucho los anuncios. Casi todos. Son muy pocos los que o por ser de mal gusto o por ser realmente malos me hacen cambiar de canal o apagar la televisión, tampoco son muchos los que, por excelentes, estoy deseando que aparezcan en pantalla, y, por lo general, sí me interesan. No en vano, en cuanto sé de algún festival de anuncios que proyectan en pantalla, me planto delante del televisor dispuesta a pasar un buen rato. Qué reto ser anuncio de un programa así, eh :-) mis preferidos, los confieso, son los de humor.
Recuero uno de hace muchos años en los que aparecía un hombre mirando por un telescopio una noche buscando estrellas fugaces y no pasaba ni una. De pronto, el señor se sacaba el jersey y justo cuando tenía la cabeza oculta, veíamos pasar millones de estrellas fugaces que volvían a desaparecer cuando el señor tenía la cabeza libre. No sé si cumplía bien su función de anuncio porque no recuerdo qué anunciaban, pero sí recuerdo que las pocas veces que lo vi, reí muchísimo.
Sin ir más lejos, hace unos días estuve unos cinco minutos riendo a carcajadas en mi sofá, yo sola, gracias a un anuncio. Ni soy adepta al producto ni voy a serlo a raíz del anuncio, pero sus creativos han ganado en mí a una fiel seguidora. Sin dudarlo. Divertidísimo. Vedlo y luego me contáis.





Se trata del último anuncio de McDonalds para desearnos feliz 2010. Llevo días ensayando el meneíto que se pegan las cajas tras el 'Boom Shack-A-Lak' que bien podría hacer famoso al cantante Apache Indian (dudo que Navidad sea la mejor época para este tema...). Lo bueno es que cuando vi el anuncio, antes de estallar en carcajadas, pensé que las cajas se parecían a las cajas del Happy Meal de esta cadena de comida rápida, y oye, lo eran. Algo bueno tiene este anuncio. Mucho me temo que dentro de unos años sí recordaré qué anunciaba este anuncio... por cierto, muy Feliz 2010 Boom :-)

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